ene 12 2012

Fotografía analógica.

A la velocidad que avanza la tecnología, y posiblemente en el sector de la imagen que  en los últimos años ha sufrido una auténtica revolución, hablar de fotografía analógica nos queda a años luz.

Frecuentemente asociamos lo analógico con antiguo, relegado a un segundo plano y sólo utilizado por algunos nostálgicos que se resisten a abandonar las viejas técnicas  por las nuevas herramientas.

No, no es así. Al menos no lo es en todos los casos, y prueba de ellos es que en FOCO Gallery se ha incorporado recientemente un artista que desarrolla su trabajo tanto en digital como en analógico.

Aitor Estévez  es un claro ejemplo de un magnífico fotógrafo capaz de compaginar ambas técnicas. Incluso experimenta y profundiza en la fotografía analógica obteniendo unos fantásticos resultados. Actualmente en la pinacoteca podemos contemplar precisamente una serie realizada en analógico con doble exposición que  estamos seguros que no dejará a nadie indiferente tras su visita.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                                                                                                                                                              Fotografía Aitor Estévez

One response so far

dic 12 2011

I EXPERIENCIA ARTÍSTICA FOCO GALLERY

“Tromsø, 72 horas para vivir el sueño ártico”

por Carlos Serrano (director artístico de FOCO Gallery)VIERNES, 21-11-2011 , 8:00 h.  

Ya hace más un mes desde que nos embarcamos en esta experiencia y los recuerdos siguen tan frescos como el primer día.  

Empezamos el día con los nervios propios de cuando te espera una gran aventura sin saber muy bien cómo iban a acontecer los próximos días. El parte meteorológico seguido diariamente por Antonio García y que nos hacía llegar por mail a todas horas, no auguraba buenas noticias y si bien la época era idónea para captar la Aurora Boreal, también lo era para dejarnos encerrados en el hotel, allá en Tromsø, por la inestabilidad meteorológica que nos esperaba.  

Aquí en Alicante, ya nos despertábamos con una impresionante borrasca, habitual por estas fechas y que parecía el preludio de un fin de semana complicado. Pero la ilusión por lo que estábamos a punto de vivir superaba con creces nuestros “miedos” y poco a poco fuimos llegando a El Altet, en donde está el aeropuerto de Alicante, para entre risas, bromear con la situación. El feeling era notable y pronto dejamos nuestras preocupaciones para entablar las “típicas” conversaciones de los fotógrafos cuando nos reunimos….  

 

  

 Facturamos los equipajes sin problemas, siempre bajo la tutela de Carlos Balsalobre, que nos indicaba cuándo y cómo hacerlo para evitar follones. Esto empezaba bien, incluso no pitamos cuando pasamos por el arco de seguridad que da acceso al embarque, (algo que no teníamos muy claro sabiendo de todos los “cacharros” que suele llevar Pedro J. Alcázar en su mochila para realizar sus juegos de luces).  

A la una, embarcábamos en el avión de la SAS que nos debía de llevar a Oslo, en donde recogeríamos a otra integrante de la expedición, Alícia Rius, que nos estaría esperando desde quién sabe cuándo… Uno de los primeros detalles que me chocó, fue ver como al poco de despegar varias decenas de brazos se apresuraban a encender la luz de lectura, algo que auguraba un vuelo tranquilo y en silencio…menos, claro está, en los asientos en los que un grupo de españoles no paraban ni un momento…alegría que Dios nos ha “dao”, que le vamos a hacer…!!  

 El vuelo, “tranquilo” sobre un mar de nubes, y a eso de las 17:00 aterrizábamos en un Oslo, frio y cubierto de nubes bajo una ligera lluvia. Allí nos esperaba Alícia, la cual se alegró de ver al fin a gente con su mismo espíritu y alegría…y es que en la terminal, había casi más silencio que en el propio avión… hasta que alguien dijo…”Hasta en el tanatorio de mi pueblo hay más jaleo…”(con todos nuestros respetos, claro). Después de fumarnos un cigarro y comprobar el frío que hacía en el exterior, Laura Medrano, Carlos Balsalobre, Rodrigo Plá, Pedro Alcázar, Delia (su compañera) y el que escribe, decidieron comprarse algo para comer ya que en el avión no hubiera sido buena idea después de ver el tono naranja-azulado que tenía la cara de un integrante de la expedición, que sí comió mientras volábamos.  

Embarcamos de nuevo. Estábamos a “pocos kilómetros” de nuestro destino final y el entusiasmo y la excitación crecía exponencialmente en nuestro interior, tanto, que cuando aterrizamos en Tromsø en una pista que parecía estar sobre el agua de un fiordo, aplaudimos y jaleamos al piloto ante la sorpresa calmada de todo el pasaje noruego que nos acompañaba.  

  

  

Recogimos nuestros equipajes con los nervios de si se habrían marchado a otro lugar con los trípodes incluidos y otra vez en una terminal “fantasma” mientras esperábamos al último integrante de la aventura, Manuel Vilches, que llegaba directo desde Málaga. Cerca de una hora que nos dio para volver a comer algo, reírnos, tomar un café, reírnos, salir a fumar, reírnos, aparcar los coches que alquilamos, reírnos, ….hasta que al fin apareció un malagueño que parecía que venía a un safari más que a 350km del polo Norte…(nosotros ya nos habíamos enfundado los gorros, los polares y demás…),y muchas más risas cuando empezó a desplegar toda su gracia sureña.  

   

Afuera, una ligera llovizna nos daba la bienvenida entre claros que nos dejaban ver de vez en cuando alguna tímida estrella. Cargamos los coches y después de perdernos unas cuantas veces guiados por el gps de campo que traíamos llegamos al hotel. Realmente aquí fue donde empezó nuestra gran aventura, Antonio estuvo cerca de 30 minutos hablando con la recepción del hotel ya que para nuestra sorpresa no tenían las hab. reservadas…”No me jodas, que estamos a 5000 km de casa…” (Do not tell me, we are 5000km from home). Después de unos cuantos cigarros esperando en la calle y que Antonio revisara una por una todas las reservas del hotel, resultó en que todo había sido un mal entendido por parte del hotel y la dirección nos había reservado en otro establecimiento de la misma cadena que por suerte, estaba justo enfrente.  


 Seguía lloviznando y el cielo se tapaba y se descubría como si quisiera jugar con nosotros. Decidimos que habíamos ido para hacer fotos, así que, nos cambiamos con ropa más adecuada, nos pillamos algo para comer y rápidamente salimos en busca de lo que habíamos venido a “cazar”. Para el primer día elegimos una localización cercana por aquello del cansancio, el lago Kulivatnet.  

Un rato después y varias vueltas conseguimos llegar al destino en donde dejaríamos los coches para emprender una marcha de unos 20 minutitos… El cansancio brillaba por su ausencia en toda la expedición después de 6 horas de viaje y el ajetreo propio de hoteles, aeropuertos, etc… No recuerdo muy bien la hora, pero sería cerca de la media noche, cuando a medio camino, nos fijamos que el cielo empezaba a abrirse dejándonos una nube impresionante en fuga. Poco a poco, esa nube que recorría la bóveda celeste de Oeste a Este, iba adquiriendo un color bastante extraño, era blanca a nuestra vista, pero con un brillo especial que la destacaba sobre el color “lavado” de las que tenía alrededor. Paramos la marcha, mirando aquella nube extraña hasta que Antonio dijo: “…chavales es la Aurora…” a lo que yo, con mi experiencia de ver auroras… en mis sueños, claro! y de la memoria de las fotos que había visto, le repliqué: …pero la aurora no es verde…? Eso es una nube en fuga Antonio,…” y re-emprendimos la marcha.  

20 mts. más tarde, aquella nube alargada que cruzaba el cielo seguía adquiriendo cada vez más y más brillo,…”Que yo digo que no es una nube…” volvió a indicar Antonio, “que alguien saque una cámara y haga una fotografía de prueba rápida…” Nos mantuvimos expectantes mirando fijamente aquello que nos extrañaba mientras Pedro montaba su equipo rápidamente y realizaba una prueba a “iso” muy alto para confirmar que era aquello.      

  

  

 

 

 

 

 

Un grito retumbó en la tranquilidad de la medianoche en Tromsø…”Es verde, es verde,…es acojonantemente verde….!” La excitación latente que todos teníamos esperando se desbocó en pocos segundos y en el silencio de la medianoche, en aquel suelo tupido y húmedo, se hoyó el retumbar al dejar caer literalmente ocho mochilas de unos cinco kilos cada una a la vez. Las primeras fotos fueron algo viscerales, la alegría, la emoción y la sorpresa al ver como se iluminaban las lcd de nuestras cámaras nos embargaba. Hubieron gritos, jaleos, abrazos, emociones que se desbordaban y magnificaban al contemplar el tremendo espectáculo que nos ofrecía el cielo de Tromsø en aquel momento.

 

En la media noche del viernes, un grupo de nueve españoles habían visto cumplido un sueño. 

 

 

Algo más serenos, pero con la premura de no dejar escapar ese momento tan, tan efímero, conseguimos realizar algunas tomas un poco más pensadas. Veinte minutos más tarde, esa intensidad en aquella “nube”, fue marchándose poco a poco al mismo tiempo que el cielo volvía a cubrirse de nubes pero dejando constancia de que por allí había pasado cuando contemplabas un cielo verde como nunca habíamos visto.  

Aprovechamos ese descanso en la frenética actividad solar anterior para, cámara montada en trípode y sobre el hombro, dirigirnos a la localización que habíamos elegido. Unos minutos más tarde, empezó a lloviznar de nuevo con la suficiente intensidad como para llegar con los equipos empapados, así que, era momento de utilizar el primero de los artículos que nos había obsequiado ZINKIN FOTO, su funda Storm Jacket.   

 

Un producto esencial en este tipo de aventuras y que no sería la única vez que utilizáramos. Con los equipos ya protegidos, llegamos al Lago Kulivatnet, un escenario espectacular pero con un suelo en los alrededores, que de no conocer la zona y de noche, se antojaba bastante peligroso. Hicimos las últimas fotos de aquella primera sesión en aquel maravilloso lugar y con la luna dándonos la bienvenida pusimos punto y seguido a esta increíble experiencia que acababa de empezar.  

 

 

     

 

SÁBADO, 22-11-2011, 8:00 h.  

El día amaneció despejado, con un cielo azul intenso que nos dejaba ver todas las cumbres nevadas que rodeaban Tromsø. En el desayuno, nos reíamos y comentábamos la experiencia inolvidable que vivimos la noche anterior, fueron tan solo unos minutos pero que jamás se borrarían de nuestra memoria. Hoy, la jornada empezaba con una charla de Ole C. Salomonsen, experto fotógrafo de auroras que nos contaría sus experiencias y como se realizaron algunas de sus fantásticas fotografías.  

Afuera, el sol calentaba con fuerza el frío ambiente de esta ciudad del norte de Noruega y hasta Ole, con cara de sorpresa, bromeaba y nos decía que no era normal en estas fechas, que tendríamos que ir más a menudo por allí… Fue una hora más o menos escuchando con atención a este gran fotógrafo nórdico, el cual hizo gala de su gran calidad humana y paciencia cuando tenía que parar en sus explicaciones porque algunos integrantes del grupo necesitábamos de traducción para no perdernos.  

    

Acabada la “master class” de  Ole, hoy disponíamos de algunas horas “libres” antes de ir a la segunda localización planeada, Sommarøy, así que, aprovechamos cada cual a su parecer el descanso. Algunos nos fuimos a cambiar dinero, ir de compras y a probar la “pinta” noruega, otros se fueron a retratar la vida y los detalles de Tromsø, otros se quedaron a dormir en el hotel y los más “raritos” se fueron a ver el cementerio municipal.  

Cabe destacar la buena educación cívica y la amabilidad de las gentes de Tromsø, que aunque a priori pueda parecer que son fríos y secos, enseguida te echan una mano si te ven en apuros. A la una del mediodía, mi vecino, Manuel Vilches y un servidor descansamos en la terraza del hotel frente al puerto tomándonos una pinta negra, (la mía sin espuma y bastante “sosa” porque me la puso la camarera/recepcionista del hotel , la de Manuel como mandan los cánones porque se la echó él mismo después de una acalorada “discusión” con ésta…”I don´t need you!”…”Que me dejes quilla…que yo me la exo…”).

Después de una agradable tertulia y vía móvil fuimos agrupándonos todos en una pizzería (muy buena, por cierto), para comer. No debíamos de entretenernos mucho ya que nos quedaban 80 km hasta Sommarøy y aquí anochecía a las 17:30 hrs.

Haciendo gala de nuestra cultura, salimos de la pizzería a las 16:20 más o menos, en el hotel empaquetamos nuestros equipos, mientras Antonio y Carlos B. compraban en un súper unos bocatas y bebida. Mientras tanto, nosotros en el hotel llenamos un termo de café para calentarnos por la noche. En este punto nos surgió un pequeño contratiempo, … tenemos café pero como nos lo bebemos…? Y por cierto, dónde está Laura…? Laura nos consiguió, vasos, azucarillos y cucharas demostrando su desparpajo español y “vaciando” el servicio de desayunos del hotel… Rápidamente partimos en nuestros flamantes VOLVO V50 hacia el lugar elegido para este día.

Con una increíble velocidad de crucero de 50km/h, límite establecido en las carreteras noruegas de esta zona, nos quedaban una hora y media de travesía. Entre risas y cachondeo fuimos maravillándonos del paisaje hasta que a eso de las 18:15 llegamos a nuestro destino. Pedro, Antonio y un servidor hicimos un reconocimiento rápido por la zona para ver por donde podíamos acceder a la costa. La noche se nos echó encima andando por unos senderos bastante “traicioneros” ya que con la humedad de la zona y una tupida capa de vegetación que nos ocultaba por donde pisábamos, era bastante fácil tener un pequeño accidente, resbalando o cayendo por una de las numerosas concavidades que presentaba esa zona costera. Después de unos veinte minutillos andando, y algún que otro resbalón, llegamos a la orilla. El cielo nos daba la bienvenida con una cúpula celeste saturada de miles de estrellas que nos dejaba boquiabiertos y auguraba una sesión extraordinaria.

Ya con la boca cerrada, nos pusimos a trabajar, había que montar el refugio que habíamos llevado por si empeoraba el tiempo, así que, unos cuantos, nos pusimos a sondar el suelo en donde plantaríamos el campamento base. Fueron unos cuantos intentos hasta que al final dimos con una ubicación perfecta para ello. El suelo estaba increíblemente duro, tratándose de arena, y no era fácil clavar los anclajes, además, la playa estaba llena de grandes rocas negras semienterradas que nos lo ponía aún más difícil. “…No lo entiendo, si estamos encima de la arena, como es posible que no se clave la piqueta ni dos milímetros…”  No recuerdo quién fue el lumbreras que cogió una piedra redonda y amartilleó la piqueta introduciéndola hasta el fondo. “…La leche,…no era roca. Es que está el suelo congelado…” Una capa de dos centímetros de hielo habían hecho una plataforma de arena sólida, húmeda por el agua del mar… era como andar por un papel de lija gigante.

 

 

 

 

 

 

 

Con el campamento asegurado, empezamos a montar los equipos y a dispersarnos por la costa para empezar a captar lo que allí veíamos. Fueron momentos inolvidables, bajo una oscuridad como nunca he visto y con un millón de estrellas en el cielo que de vez en cuando caían hasta el horizonte provocando un sonoro…”Ohh…la habéis visto..?”. Así, con el ruido de fondo del “click” del obturador al cerrarse fueron pasando las horas. Teníamos tiempo hasta llegar a la frontera donde empezaría la actividad boreal así que, hicimos una pausa y aprovechamos para cenar. Pedro nos apareció con una bota llena de agua, algo que a priori no parece muy traumático, pero que con un suelo congelado y con una temperatura que no subía de los 0 grados, os puedo asegurar que es muy molesto. Menos mal, que nuestra aventurera Laura se había traído unas bolsitas químicas calentadoras que vinieron muy bien, sobre todo al pie azul de Pedro…el cual después de unos cuantos minutos volvió a la carga currándose una gran foto de grupo, … y probando una vez más lo frio y duro que estaba el suelo en Sommarøy

Cenamos con tranquilidad, escuchando con atención el repertorio de chistes de nuestro malagueño Manuel. Entre el cachondeo, las risas y el cafetín que nos tomamos para calentarnos un poco, no nos dimos cuenta de que en el cielo la situación empezaba a complicarse, un inmenso frente nuboso avanzaba hacia nosotros y nos alcanzaría justo para la hora en la que esperábamos ver por segunda vez la aurora boreal. Ésta se mostró tímidamente durante unos segundos como cortesía hacia nosotros, antes de que nos alcanzaran las nubes y desapareciera entre sus algodones… Fue un momento tan fugaz como la estrella que captamos todos pero que nos dejó un buenísimo recuerdo de aquel momento irrepetible.

Las nubes no se demoraban ni un segundo y en unos minutos nos cubrían completamente reflejando las escasísimas luces de los núcleos urbanos próximos, pintando así el mar de unos tonos anaranjados. A las tres de la madrugada, más o menos, decidimos que ya era momento de regresar viendo que el cielo se complicaba cada vez más y todavía nos quedaban unas horas de trayecto. Recogimos el “chiringuito” y emprendimos el regreso por la peligrosa costa de aquel lugar increíble. A pocos kilómetros de Tromsø, descubrimos la gran amortiguación de los v50 al ver saltar delante nuestra al primer coche cuando pasaba por encima de un resalto invisible a la increíble velocidad de 65 km/h…! En el segundo coche comentábamos la “jugada” “…Buah.. se lo han comido de lleno…” “..Ya te…” No me dio tiempo a terminar la frase sin estampar mi fría cabeza contra el techo de nuestro coche mientras el piloto hacía maravillas para mantenerlo dentro de la carretera.

DOMINGO, 23-11-2011, 9:00 h.

El día amaneció cubierto y frío, los picos nevados que rodeaban Tromsø nos daban los buenos días. Poco a poco fuimos apareciendo por el restaurante del hotel para desayunar, la noche anterior había sido muy intensa y las fuerzas ya empezaban a flaquear, así que nos tomamos nuestro tiempo para reponernos. El plan para hoy era irnos a Jiehkkevárri y disfrutar de los impresionantes picos nevados de la zona de Lygen.

En el puerto de Tromsø esperábamos a los más rezagados probando las bondades del segundo artículo que nos había ofrecido ZINKIN para que lo probásemos. Una bandolera muy cómoda que te permite llevar colgada la cámara por su base en un lado del cuerpo y que en un movimiento rápido te permite encuadrar sin estorbos. Sin duda, la BlackRapid, es un gran invento para fotografía social. Ya estábamos todos en el parking, cargamos los coches y partimos hacia nuestra penúltima localización que teníamos prevista.

 

 

 

 

 

 

 

 

El viaje, de algo más de hora y media nos brindaba unos paisajes increíbles que nos invitaban a parar en cualquier sitio y llevarnos en nuestras tarjetas lo que veíamos, no era fácil aguantarse, aun así, paramos en un par de ocasiones desperdigándonos en todas direcciones tan rápidamente que era difícil seguirnos la pista… y sobre todo, hacernos regresar a los coches… Bajo una lluvia fina, disfrutábamos de aquel paisaje espectacular tan diferente a lo que estábamos acostumbrados y que nos desbordaba fotográficamente miráramos por donde miráramos, su arquitectura, sus gentes, su vida… y como no podía ser de otra forma, también aprovechábamos las pausas para hacer un poco el “ganso”…

 

 

 

 

 

Seguimos por la carretera estrecha y húmeda que nos llevaría hasta Laksvatn, un pequeñísimo núcleo urbano a la entrada de Lyngen, y como era habitual en esta zona norte de Noruega, de casas rodeadas de plena naturaleza, fiordos y torrenteras que bajaban de los picos nevados.

Las estampas eran idílicas, pero más allá de la estética no podíamos dejar de pensar en lo duro que debía de ser el día a día en el pleno invierno de aquella zona. Una iglesia con su respectivo cementerio nos daban la bienvenida a la zona, por lo que rápidamente nos separamos en dos grupos, Rodrigo, Delia, Alicia y yo nos fuimos a la cabecera del lago a intentar sacar algunas tomas bajo una lluvia fina que nos obligaba a estar limpiando continuamente los objetivos, mientras que el resto de los “raritos” hacían lo propio en el cementerio de la comunidad. 

Una hora más tarde, nos re-agrupamos para comer pero, dónde… Preguntamos a unos buenos vecinos de la zona y nos dijeron que el único restaurante de la zona estaba a unos treinta kilómetros. No podíamos demorarnos mucho si queríamos llegar antes de que cerraran. 45 minutos después, ya con las últimas luces de la tarde, llegamos a lo que parecía ser un área de servicio “en medio de la nada”. Entramos al restaurante y en su interior un “bullicio sosegado” nos indicaba que habíamos llegado a tiempo, aunque eso sí, para la cena..! Después de traducir algunos platos, nos sentamos y dimos buena cuenta de la merecida comida. Se agradecía después de tantas horas comer algo caliente así que nos lo tomamos con tranquilidad disfrutando de la tertulia y de unos sabrosos platos ricos en proteínas. Dos horas más tarde y ya en noche cerrada, re-emprendimos la marcha hacia el hotel en donde el amigo Vilches nos ofreció una interesante charla de su gran labor con su ONG  DUBABU.

Aquella experiencia tocaba su fin, así que, Laura y yo buscamos por las cercanías del hotel algún establecimiento en donde nos vendieran una botella de champán para ofrecerle a Antonio un merecido brindis por el esfuerzo y la gran labor que había hecho para acercarnos a todos este sueño hecho realidad. No hubo suerte, así que nos conformamos con brindar con un licor típico de la zona que nos ofrecieron en el bar del hotel.

Unas cuantas caras de “Por Dios, que suave…!” y algún que otro chupito más y volvimos a estar en forma.. Teníamos dos horas libres antes de emprender de nuevo el viaje hacia la última localización que habíamos grabado en el gps, así que, mientras unos disfrutaban del descanso en el jacuzzi exterior que tenía el hotel, otros nos fuimos a la catedral ártica de Tromsø, un edificio moderno que domina toda la bahía, a seguir llenando la tarjeta de memoria.

 

 

 

 

 

 

 

A las 20:30 hrs. partíamos hacia Kvaløya, el último escenario recomendado por nuestro anfitrión local Per Ivar Somby y al que al final por otros compromisos no pudimos conocer en persona. Después de unas cuantas vueltas buscando llegamos al lugar en cuestión. Pedro y yo nos adelantamos como avanzadilla para buscar algún sitio cómodo en el que poder desplegar los equipos, algo que resultó bastante complicado, así que, al final decidimos cambiar de localización e intentarlo en el interior.

El cielo seguía totalmente cubierto por lo que no era probable que pudiéramos captar de nuevo la aurora boreal, aun así, llegada la hora de actividad, el cielo de repente se tiñó de un verde espectacular, señal, de que allá arriba, por encima del manto de nubes, una aurora de gran actividad estaba haciendo acto de presencia. Estuvimos “brincando” de aquí para allá, buscando nuestro motivo para inmortalizar ese ambiente mágico, casi de fantasía, mientras  Antonio nos indicaba con una  aplicación a tiempo real la máxima actividad para estar preparados. Una vez más, el tiempo pasó casi sin darnos cuenta y cuando miramos el reloj era casi la hora de coger el vuelo que nos traería de vuelta a casa, por lo que decidimos, por lo menos descansar una horita antes de salir “pitando” hacia el aeropuerto.

Ese último desayuno fue el más “serio”, con un gran cansancio evidente pero que pesaba menos que el hecho de tener que regresar, fuimos levantándonos de la mesa, aunque en el fondo, todos estábamos increíblemente felices de poder haber compartido esas 72 horas de nuestras vidas y aquellos momentos mágicos con unos buenos amigos y en aquel lugar tan increíble. Unas vivencias que quedarían grabadas para siempre en nuestra memoria.

Algunas horas más tarde y después de algunos contratiempos con arcos de seguridad, etc…nos despedíamos con un “Hasta pronto…” para dar comienzo a la segunda gran parte de este gran proyecto que un buen día se le ocurrió a Antonio García Fraile.

  CRÉDITOS

Comentarios desactivados

nov 03 2011

Inés Gil Herrera, galardonada.

Published by FOCO Gallery under Arte,Fotografía,Noticias

En FOCO Gallery estamos de celebración, Inés Gil Herrera, miembro del comité de arte de nuestra galería y comisaria de varias exposiciones celebradas  ha sido galardonada con las Medallas de Oro FIAP (Federación Internacional de Fotografía Artística) y CEF (Confederación Española de Fotografía) en el 13º Certamen Fotográfico Internacional Mallorca 2011, con su obra titulada “Oasis”.

 

 

También ha sido galardonada en el 87 Salón Internacional de Otoño Zaragoza 2011, con los mismos galardones de Medallas de Oro  FIAP y CEF; en este certamen con otra obra distinta y que por pertenecer a un proyecto que la artista se encuentra desarrollando no vamos a publicar.

De una u otra forma todos los premios son reconocimientos a los trabajos de los artistas, pero no cabe dudad que el nivel de algunos de ellos, como son las FIAP Y la CEF, son muy codiciados, y haber sido distinguida con ellos supone un gran avance dentro de su carrera.

Los éxitos y logros que consiguen todos y cada unos de los miembros de la galería nos hace sentirnos muy honrados  por poder contar con ellos en nuestra galería  y nos complace ver cómo se van forjando las trayectorias artísticas que tantos esfuerzos les suponen.

Nuestra más sincera enhorabuena y deseamos que saborees  estos merecidos galardones que a buen  seguro no serán los últimos.

Mostramos la obra “Oasis”, que amablemente Inés nos ha permitido publicar después de no pocas insistencias.

One response so far

nov 03 2011

Inés Gil Herrera

Published by Beto Ruiz under Presentación,artistas

“Licenciada en Ciencias de la Información en la rama de Imagen y Sonido” por la Universidad Complutense de Madrid y “Experta Universitaria en Artes Visuales: fotografía y acción creativa” por la Universidad Miguel Hernández de Elche, actualmente resido en Alicante donde soy profesora de fotografía en el la Licenciatura y el Grado en Comunicación Audiovisual que se imparte en el Centro de Estudios Ciudad de la Luz.
Inés Gil,

“Todo lo que nuestros sentidos captan es efímero. Cada segundo que pasa es irrepetible. En cada momento, una misma canción puede despertar distintos sentimientos y otra traer siempre un mismo recuerdo o, simplemente, dejarnos indiferentes. Un aroma o un sabor nos puede transportar a distintos lugares. Cada caricia nos provoca distintas sensaciones.

Con lo que vemos pasa exactamente igual. Una fotografía nos da una imagen determinada, mas el “todo” que nuestros sentidos captan en cada momento no se puede trasladar a una fotografía ni volver a vivir exactamente igual.

Pero…. Pero (casi siempre hay un “pero” para todo)… que no se puedan re-vivir los momentos no significa que no se puedan SENTIR; así, el poder emotivo de caricias, aromas, canciones o sabores no se escapa, ni mucho menos, a las fotografías.

Es precisamente este poder emotivo que tiene la fotografía, el que me ha llevado a expresarme a través de este medio.La fotografía es la magia que transforma la luz en una imagen haciendo posible que tú veas a través de mi mirada.”

No responses yet

Next »